psicologia de la vida
lunes, 4 de noviembre de 2013
La Psicología evolutiva
La “psicología del desarrollo” [1], o también llamada “psicología evolutiva”, estudia el comportamiento humano a lo largo de las diferentes etapas por las que transcurre la vida de una persona o ciclo vital. El psicólogo del desarrollo puede enfocar su atención en un aspecto específico del comportamiento, como los que se refieren al desarrollo del pensamiento o la percepción, o puede enfocar su atención en un período específico de la vida, como la niñez o la adolescencia. De esta manera, la psicología infantil o de los adolescentes forma parte de la rama general de la psicología del desarrollo.
1. Modelos explicativos del desarrollo
Como no podía ser de otra manera un concepto fundamental en la psicología evolutiva es el de “desarrollo”. Su definición varía según las diferentes escuelas o corrientes de la psicología, pudiéndose distinguir, a grandes rasgos, tres modelos explicativos:
- Modelo mecanicista
- Modelo organicista.
- Modelo contextual-dialéctico.
a) Modelo mecanicista
La concepción mecanicista del desarrollo es opuesta a cualquier idea de plan preestablecido, de finalidad hacia donde pueda orientarse, explicando las transformaciones en el comportamiento de los individuos como resultado de causas externas. La metáfora básica para su explicación es la máquina, es decir, entiende al individuo humano como un mecanismo reactivo ante las fuerzas externas, negándole un papel activo en su relación con el medio. El concepto central de esta concepción es el de “aprendizaje”, y los factores ambientales se priorizan por sobre los factores biológicos o heredados. De aquí se deriva que se podrían programar los cambios evolutivos siempre que se conozcan los estímulos que los provocan y los refuerzos que los consolidan. En sus investigaciones cuenta sólo aquellos aspectos que pueden ser observados empíricamente, es decir, la conducta externa.
Sus antecedentes en la historia de la filosofía pueden ser reconocidos en el empirismo inglés de los siglos XVII y XVIII (Locke, Berkeley, Hume). Como representantes de este modelo en la psicología contemporánea podemos contar con: los conductistas clásicos, los neo-conductistas y los teóricos del aprendizaje social.
b) Modelo organicista
La metáfora básica que explica este modelo es la de un organismo vivo, activo y organizado de forma coherente donde el todo es más que las partes y da significado a todas ellas. El cambio evolutivo es un cambio estructural que en cada etapa presenta una organización que, siendo distinta a la anterior, sólo se entiende y se puede explicar a partir de ella. Los cambios son unidireccionales, irreversibles y orientados hacia metas. Las leyes del desarrollo son universales independientemente de la cultura a la que pertenezca el individuo.
Aunque los factores ambientales y el aprendizaje pueden modificar (desencadenar, acelerar o dificultar) el desarrollo de los individuos, siempre se da una base o programa propio del organismo, que puede consistir en predisposiciones heredadas genéticamente, y que determina las diferentes etapas del desarrollo.
Se puede encontrar un antecedente de este modelo en Leibniz, filósofo racionalista alemán del siglo XVII. Entre sus representantes en la psicología contemporánea, a pesar de sus grandes diferencias, es posible mencionar a Werner, Freud, Erikson o Piaget.
c) Modelo contextual-dialéctico o sistémico
El modelo contextual-dialéctico tiene su origen en las concepciones marxistas y en las teorías psicológicas basadas en ellas como las de Vygotski, la psicología soviética y las de Wallon. También se podrían incluir en este modelo las explicaciones que del desarrollo del individuo realizan las corrientes sistémicas. Las metáforas de este modelo pueden ser la composición orquestal o la interacción del diálogo. El desarrollo es un diálogo entre el sujeto y su ambiente y se condicionan mutuamente.
El individuo se percibe como un todo organizado pero en continuo cambio, como un sistema cuya circunstancia normal es el desequilibrio y la búsqueda continua del equilibrio, un sistema abierto que se está continuamente auto-conformando en su relación dialéctica con el medio (autopoiesis[2]). El cambio evolutivo es resultado de la interacción de todos los factores implicados en el desarrollo: biológicos, históricos, económicos, sociales… El desarrollo es un proceso multidireccional que tiene lugar a lo largo de todo el ciclo vital, desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por la niñez, la adolescencia, la adultez y la vejez.
2. El concepto de maduración
Un concepto fundamental de la psicología del desarrollo es que los procesos de crecimiento son madurativos. El término maduración se refiere a los procesos de crecimiento físico que de manera importante influyen para dar lugar a un desarrollo de conducta ordenada, o sujeta a un modelo conocido. Cuando vemos que cierta conducta aparece en todos los miembros de una cierta especie, aproximadamente en una misma edad, sin que haya mediado un entrenamiento especial, podemos decir que es el resultado de la maduración más que del aprendizaje. Si los factores genéticos y ambientales se dan dentro de parámetros normales, los procesos madurativos seguirán un curso predecible, con escasas variaciones. Pero también si estos factores genéticos o ambientales presentan alteraciones el proceso de maduración esperado puede verse notablemente interferido.
En el momento del nacimiento el niño no despliega gran parte de la conducta que se ve en los niños de mayor edad y en los adultos. Los niños recién nacidos no pueden hablar, gatear, sentarse, caminar o ejercer control sobre las funciones intestinales o de la vejiga. ¿Cuáles son los factores que ocasionan el desarrollo o la aparición de esta conducta? Hay tres posibilidades: la conducta puede ser el resultado del crecimiento físico o la maduración, el aprendizaje o una combinación de ambos factores.
Muchas veces, puede parecer que el aprendizaje desempeña el papel de mayor importancia en el desarrollo de las conductas, puesto que la mayoría de los padres de nuestra cultura proporcionan entrenamiento, oportunidad para la práctica y considerables estímulos. De los estudios realizados con respecto al desarrollo de la conducta, sin embargo, se desprende que si bien el aprendizaje interviene en todos los casos, la maduración es por lo menos una variable de igual importancia y, en algunos casos, de importancia primordial.
3. Sucesos, transiciones y crisis.
Al principio y al final de la vida, la edad cronológica y los factores biológicos determinan en gran medida los cambios de los individuos, pero en la vida adulta el cambio se explica mejor en base a las experiencias vividas por los sujetos, es decir, los sucesos vitales. Los sucesos vitales ocurren en cualquier momento de la vida, ponen a pruebala capacidad adaptativa de los sujetos, tienen una repercusión individual o colectiva y producen cambios en la estructura vital.
Hay momentos en la vida de los sujetos en los que se producen cambios estructurales, estos momentos los llamamos transiciones. Las transiciones son puntos decisivos entre dos periodos de estabilidad. Éstas pueden ser: de desarrollo (es decir, pasar de una etapa de la vida a otra, son predecibles y por lo tanto se puede intervenir en ellas), y circunstanciales, es decir no esperadas.
Cuando una transición es muy difícil de superar o cuando el individuo no se adapta a la nueva situación aparece una crisis. Una crisis es un período temporal de desorden caracterizado por la incapacidad del individuo de abordar determinadas situaciones utilizando los métodos habituales que dispone para solucionar problemas. La resolución de una crisis o que una transición se convierta en crisis dependerá de varios factores: la gravedad del suceso, los recursos personales del sujeto y los recursos sociales. La solución satisfactoria de una crisis suele producir un enriquecimiento personal y un aumento de las fuerzas y los recursos para afrontar situaciones problemáticas futuras.
4. Etapas del ciclo vital
4.1 Las fases de la evolución en el niño [3]
El estudio del niño equivale al de las fases de un proceso de desarrollo que lo va a convertir en adulto. El psicólogo suizo J. Piaget ve cada fase como una forma de equilibrio entre el mundo interior y el exterior. Cuando la visión que tiene el niño entra en contradicción con la realidad que le circunda, es decir, cuando el equilibrio se rompe, se da un salto cualitativo en su organización mental y afectiva, y todos sus conocimientos se reorganizan y reestructuran en un nuevo equilibrio. La infancia no sería otra cosa que la sucesión de equilibrios, cada vez más adaptados al mundo en el que el niño deberá insertarse y vivir.
Se ha dividido la infancia, para su estudio, en cuatro períodos: el primero, desde el nacimiento hasta los tres años; el segundo, desde esa edad hasta los seis-siete; el tercero, de seis-siete a once-doce, y, finalmente, la adolescencia, desde la pubertad hasta la edad adulta. Debe entenderse bien, sin embargo, que los límites entre estas etapas cambian en cada caso individual y dependen de toda una variada serie de circunstancias. Condicionamientos fisiológicos, climáticos, geográficos y, sobre todo, determinismos socioeconómicos –y de ahí, culturales– hacen que cada niño sea un caso diferente y deba ser tratado con arreglo a ello. Una mala alimentación, un defecto en la visión no corregido, una enfermedad mal curada o, en otro orden de cosas, un ambiente familiar poco culturalizado, una disociación familiar (divorcio o situación conflictiva de hecho), una escolarización tardía, breve o nula, son algunos de los muchos factores que pueden influir de una manera decisiva en la rapidez del desarrollo del niño, tanto en el terreno de lo fisiológico, como en el de lo mental (intelectual y afectivo).
a) La primera infancia (de 0 a 3 años)
Aunque generalmente no se tenga conciencia de ello –ya que el niño a esa edad no puede expresar lo que piensa o siente de forma comprensible para el adulto–, los primeros años de la infancia presentan un desarrollo mental extraordinario. Esta etapa representa el paso de la percepción de un universo global, en el que el niño distingue entre él mismo y lo demás, a la formación de un «yo» separado de los objetos exteriores. Es un período centrípeto en que todo se asimila al propio cuerpo, y a la construcción de éste como «sujeto» diferente de los objetos.
b) La segunda infancia (de 3 a 6-7 años)
La formación del “yo” ha sido el primer paso importante en el desarrollo de la infancia. Sin embargo, entraña una actitud egocéntrica ante el mundo, que no se superará hasta el fin de la segunda infancia. El proceso de adaptación al mundo circundante se acelera, no sólo por el considerable cambio fisiológico que experimenta el niño, sino, sobre todo, por un factor social: el desarrollo del lenguaje.
c) La tercera infancia (de 6-7 a 11-12 años)
La tercera infancia comienza con la fase de latencia y dura hasta la pubertad. Todo el período anterior ha consistido en una lenta superación del egocentrismo, hasta desembocar en el dominio de la reversibilidad. Ésta hace posible la aparición de las operaciones racionales y, en el plano afectivo y social, provoca una conciencia de la reciprocidad. El proceso de socialización, que había comenzado con el lenguaje, se acelera ahora con la escolarización del niño.
4.2 La adolescencia (de 12 a 18 años)
Es la época de la vida que marca la transición entre la infancia y el estado adulto. Sus límites varían según una serie de factores, como pueden ser el sexo (doce a dieciocho años por término medio, en ellas; trece a diecinueve en ellos), el tipo individual, la raza, las condiciones geográficas, el medio socioeconómico, etc. Es un período de profundas transformaciones fisiológicas, que se caracteriza a la vez por importantes cambios en las estructuras mentales, por el intento de liquidar el estadio infantil –en un plano afectivo– y, en el social, por los difíciles ensayos de inserción en la sociedad adulta. Algunos autores, como Piaget, señalan dos etapas: la pre-adolescencia –hasta los quince años– y la adolescencia propiamente dicha –a partir de esa edad hasta los dieciocho–. Otros, como Debesse, distinguen un primer período de pubertad, caracterizado eminentemente por el desarrollo fisiológico-sexual, y otro de juventud, cuyo signo primordial sería el de la integración a la sociedad.
a) El plano fisiológico
En la adolescencia se presenta un impulso biológico brusco, que lleva consigo al principio un desequilibrio general de las funciones, una aceleración del crecimiento, el desarrollo de los órganos genitales y de los caracteres sexuales secundarios. Durante este periodo de la vida, el papel de la hipófisis es relevante, puesto que segrega las hormonas de crecimiento. Las vísceras, los huesos y los músculos se desarrollan. El corazón adquiere un tamaño casi doble entre los doce y los dieciséis años, la tensión arterial aumenta y el ritmo cardíaco disminuye.
b) El plano intelectual
Hacia los doce años, se efectúa una transformación fundamental en el pensamiento del niño: el paso del pensamiento concreto al pensamiento formal o «hipotético-deductivo». Hasta esa edad las operaciones de la inteligencia infantil son únicamente «concretas», es decir, no se aplican más que a la misma realidad, a los objetos susceptibles de ser manipulados. A partir de los doce años, el pensamiento formal empieza a ser posible, las operaciones lógicas comienzan a ser traspuestas del plano de la manipulación concreta al de las solas ideas, sin el apoyo de la percepción ni de la experiencia. Así, pues, el pensamiento formal del adolescente será hipotético-deductivo en el sentido de que será capaz de deducir las conclusiones que se pueden extraer de puras hipótesis y no solamente de la observación real. Aquí vemos una de las novedades que oponen la adolescencia a la infancia: la libre actividad de la reflexión espontánea, su facilidad en la elaboración de teorías abstractas. Como dice Piaget, «comparado con un niño, un adolescente es un individuo que construye sistemas y teorías». Otra característica importante de la actividad mental del adolescente es su egocentrismo intelectual. Este se manifestará por la creencia en la omnipotencia de su reflexión, como si el mundo debiera someterse y adaptarse a sus sistemas, y no los sistemas a la realidad. Posteriormente, ese egocentrismo casi metafísico va encontrando su corrección en una reconciliación entre el pensamiento formal y la realidad. La actividad intelectual del adolescente irá alcanzando el equilibrio cuando éste comprenda que la función propia de la reflexión no es la de contradecir la experiencia, sino la de interpretarla y, en el fondo, adaptarse a ella.
c) El plano afectivo
La adolescencia se caracteriza por una profunda crisis que hace emerger al sujeto del mundo protegido de la infancia. Sucede a un período tranquilo en que el instinto está calmado y los conflictos de la primera infancia olvidados. Esta crisis se manifestará ante todo por la definitiva superación del complejo de Edipo, lo que llevará al adolescente a los primeros problemas importantes con sus padres. Esta rebelión, además, no sólo se dirigirá contra la autoridad paterna, sino contra toda clase de autoridad: maestros, profesores, etcétera. La emancipación será tanto más difícil cuanto más el niño se haya fuertemente fijado a sus padres y su imagen haya sido opresiva. El adolescente empieza a descubrir su propio yo personal, necesita autoafirmarse en contra de sus padres y de toda su infancia para encontrarse a sí mismo. Estos últimos deben saber aceptar la diferencia de intereses, costumbres, ideas y opiniones de su hijo y ayudarlo a liberarse del círculo familiar –vivido por él de una forma opresiva–. El narcisismo, la auto-contemplación y la soledad caracterizan este período. Por otro lado, la reactivación del instinto sexual lleva consigo una manifestación constante, la masturbación, a la que normalmente se relaciona, por el hecho de la represión social habitual, una culpabilidad. Hay que tener muy en cuenta, en contra de todos los prejuicios establecidos, que son las consecuencias psicológicas de esta culpabilidad las que son temibles y nocivas y no los efectos propios de la masturbación, que desaparecerá a partir del momento en que el sujeto pueda dirigir normalmente su impulso sexual hacia otra persona. Todos estos conflictos hacen del adolescente un personaje aparentemente contradictorio, impulsivo e hipersensible, manifestaciones que hay que entender como signos de una difícil etapa de búsqueda de sí mismo.
d) El plano social
La adolescencia es un periodo no menos conflictivo en este aspecto. El joven vive de una forma casi contradictoria su doble impulso de rechazo de la sociedad adulta y sus ensayos de inserción en la misma. Hacia los quince años sale del mundo cerrado familiar para ampliar sus relaciones en nuevas amistades. Vive sus primeros amores, se forman las bandas de adolescentes y todo ello entre continuos entusiasmos y decepciones, que configuran la imagen del adolescente en un constante estado de insatisfacción. Insatisfacción provocada por el desfase que suele haber entre su mundo interior y la realidad. Son corrientes, por ejemplo, las decepciones que le acarrea el descubrir que la verdadera personalidad de su amigo o amiga no corresponde al arquetipo que había proyectado sobre él o ella. A menudo parece que el adolescente sea asocial y casi asociable. Nada es más falso, sin embargo, ya que medita y actúa sin cesar en función de la sociedad. Se afirma en contra de ella, pero, en el fondo, en relación a ella, y la actitud que toma sigue siendo la de insertarse en una sociedad que, si bien al principio no es la de los adultos, será por lo menos el grupo restringido o la banda de adolescentes.
Finalmente, todos estos conflictos se irán resolviendo a medida que equilibre su vida en el doble plano afectivo y social. Equilibrio que será una adaptación al adquirir un estatuto social y profesional, y una estabilización sentimental y sexual. Se puede afirmar, sin embargo, que ciertos adultos son adolescentes prolongados –a pesar de que su desarrollo fisiológico se haya realizado completamente– cuando las condiciones de estabilización no se han realizado de forma satisfactoria.
4.3 La edad adulta o adultez
La adultez comienza aproximadamente a los 20 años. Usualmente se divide en tres períodos:
- Adultez joven o juventud: 20 a 40-45 años.
- Adultez media: 45 a 65 años.
- Adultez mayor: 65 años en adelante.
a) La adultez joven o juventud (de 18-20 a 40-45 años)
La juventud comienza con el término de la adolescencia. Constituye el período de mayor fuerza, energía y resistencia física. Se producen menos enfermedades y se superan rápidamente, en caso que éstas se presenten. Por tal motivo, el índice de mortalidad es bajo. La mantención del estado físico depende de factores como la dieta adecuada y el ejercicio físico.
En relación al desarrollo intelectual, los adultos son capaces de considerar varios puntos de vista simultáneamente, aceptando las contradicciones, lo que se conoce como pensamiento dialéctico. En esta etapa lo ideal suele ser elegir una pareja, plantearse la paternidad, lograr amistades duraderas y un trabajo estable.
b) La adultez media (de 45 a 65 años)
Durante esta etapa se suele dar la llamada “crisis de la mitad de la vida”, en la cual se produciría una suerte de lucha entre la generatividad y el estancamiento, la necesidad de reelaborar la imagen del Yo debido a los cambios corporales, a la muerte de los padres, a la marcha de los hijos, a la evaluación de los logros y las metas conseguidas. En general, se puede afirmar que la “crisis de la edad media” no es un acontecimiento inevitable, ya que la existencia de buenos recursos para enfrentar las exigencias del medio y las del crecimiento personal permitiría una buena adaptación a la edad madura.
La adultez media se caracteriza por la liberación de las grandes presiones y la búsqueda de placeres más individuales, junto a una mayor experiencia, que será bien aprovechada si no se mantienen sueños imposibles ni se mantienen posiciones muy rígidas. El auto-concepto, la confianza en uno mismo y el control del Yo suelen aumentar en esta época y la salud mental dependerá del buen ajuste entre las expectativas y la realidad.
c) Adultez mayor o vejez (de 65 años en adelante)
La vejez, percibida habitualmente como el declive físico y psíquico de las personas, no tiene por qué ser necesariamente el punto más bajo del ciclo de vida, siendo posible un envejecimiento razonablemente satisfactorio. Debería ser la sociedad quien descubra y promueva los valores y las capacidades vitales de las personas mayores.
La principal tarea de las personas mayores suele ser la de comprender y aceptar su propia vida y utilizar su gran experiencia para hacer frente a los cambios personales o a las pérdidas y limitaciones de sus condiciones físicas y psíquicas. Las personas han de adaptarse a la disminución de su fortaleza y salud física, a la circunstancia vital de la jubilación y asumir una mayor proximidad del final de la vida.
Pese a lo que se suele pensar la salud de las personas de esta edad es bastante buena, pues el 68 % de la población de adultos mayores está sano y sólo un 5% se encuentra en un estado de invalides o postración, el resto tienen ciertas enfermedades o limitaciones, pero siguen siendo autosuficiente. El problema es que muchas de las enfermedades que se asocian con la vejez son enfermedades crónicas que han sido adquiridas aproximadamente a los treinta años, como es el caso de la artritis, diabetes, enfermedades cardiacas, reumatismo, lesiones ortopédicas, alteraciones mentales y nerviosas. Por lo tanto, el envejecimiento en sí mismo no es una enfermedad y la mayor parte de las personas ancianas gozan de buena salud, aunque no se puede negar que el envejecimiento esté acompañado de cambios físicos y que incremente la posibilidad de desarrollar enfermedades crónicas, debido a que el equilibrio orgánico es más frágil. Algunos de los cambios físicos son: declinación de las funciones sensoriales y perceptivas, disminución de la estatura, propensión a la osteoporosis en las mujeres, atrofia de las glándulas sebáceas del rostro, pérdida de la adaptación al frío y al calor, disminución de la fuerza y rapidez para realizar actividades físicas, las paredes de las arterias se endurecen y se reduce su elasticidad, los mecanismos inmunológicos que defienden de las infecciones y también del cáncer pierden eficiencia. El ejercicio, una buena dieta, evitar el cigarrillo y el alcohol, pueden ayudar a las personas a ampliar la parte activa de su vida y a que sean más resistentes a enfermedades crónicas, que pueden llegar a ser fatales.
En cuanto a la sexualidad, gracias a recientes investigaciones en el adulto mayor, se ha dado cada vez mayor importancia a la expresión sexual, al comprobar que ésta no sólo sirve a propósitos físicos, sino que también a asegurar a ambos miembros de la pareja el amor del otro, así como su comprensión y la sensación de que sigue estando vigente su vitalidad, lo que en definitiva contribuiría a elevar la autoestima de cada miembro de la pareja. De esta manera, los estereotipos populares que plantean que los años de la vejez son asexuados, son infundados puesto que en la práctica, existe un número elevado de personas adultas, que después de los sesenta y cinco años permanecen interesadas y activas sexualmente.

Jean Piaget
(Neuchâtel, Suiza, 1896-Ginebra, 1980) Psicólogo suizo. Jean Piaget se licenció y doctoró (1918) en biología en la Universidad de su ciudad natal. A partir de 1919 inició su trabajo en instituciones psicológicas de Zurich y París, donde desarrolló su teoría sobre la naturaleza del conocimiento.
Publicó varios estudios sobre psicología infantil y, basándose fundamentalmente en el crecimiento de sus hijos, elaboró una teoría de la inteligencia sensoriomotriz que describía el desarrollo espontáneo de una inteligencia práctica, basada en la acción, que se forma a partir de los conceptos incipientes que tiene el niño de los objetos permanentes del espacio, del tiempo y de la causa.
Para Piaget, los principios de la lógica comienzan a desarrollarse antes que el lenguaje y se generan a través de las acciones sensoriales y motrices del bebé en interacción con el medio. Piaget estableció una serie de estadios sucesivos en el desarrollo de la inteligencia:
1. Estadio de la inteligencia sensoriomotriz o práctica, de las regulaciones afectivas elementales y de las primeras fijaciones exteriores de la afectividad. Esta etapa constituye el período del lactante y dura hasta la edad de un año y medio o dos años; es anterior al desarrollo del lenguaje y del pensamiento propiamente dicho.
2. Estadio de la inteligencia intuitiva, de los sentimientos interindividuales espontáneos y de las relaciones sociales de sumisión al adulto. Esta etapa abarca desde los dos a los siete años. En ella nace el pensamiento preoperatorio: el niño puede representar los movimientos sin ejecutarlos; es la época del juego simbólico y del egocentrismo y, a partir de los cuatro años, del pensamiento intuitivo.
3. Estadio de las operaciones intelectuales concretas, de los sentimientos morales y sociales de cooperación y del inicio de la lógica. Esta etapa abarca de los siete a los once-doce años.
4. Estadio de las operaciones intelectuales abstractas, de la formación de la personalidad y de la inserción afectiva e intelectual en la sociedad de los adultos (adolescencia).
Jean Piaget ocupa uno de los lugares más relevantes de la psicología contemporánea y, sin lugar a dudas, el más destacado en el campo de la psicología infantil. Las universidades de Harvard, París, Bruselas y Río de Janeiro le otorgaron el título de doctor honoris causa.
Realizó múltiples estudios y escribió un gran número de libros; las obras más importantes de Piaget son El lenguaje y el pensamiento en el niño (1923); La representación del mundo en el niño (1926); El nacimiento de la inteligencia en el niño (1936); La psicología de la inteligencia (1947); Tratado de lógica(1949); Introducción a la epistemología genética(1950); Seis estudios de psicología (1964); Memoria e inteligencia (1968), y El desarrollo del pensamiento(1975).
PSICOLOGÍA CLINCA
Si bien cabe remontarse a antecedentes centenarios que avant la lettre prefiguran la Psicología, donde habría que destacar a Luis Vives (1492-1540) como anticipo de una "psicología moderna", la historia de la Psicología Clínica que aquí se presenta parte de su establecimiento formal y recorre las instituciones que la han ido configurando. Únicamente se diría a propósito de los antecedentes que este establecimiento formal se inscribe dentro de la tradición de la psicología experimental ya en curso, cuya fecha oficial data de 1879 con la fundación del laboratorio de Wilhelm Wundt en la Universidad de Leipzig. En este sentido, la tradición de la psicología experimental ha imprimido a la Psicología Clínica una orientación a la investigación que todavía perdura por no decir que le es propia. En efecto, la orientación a la investigación es una de las contribuciones bien reconocidas al psicólogo en el campo clínico (como se verá más adelante en la definición de sus funciones). Así mismo, se habría de resaltar (a este respecto de los antecedentes) la tradición que, igualmente con una historia de siglos, se ha interesado en el estudio de las diferencias individuales, en cuya perspectiva no podría faltar la referencia a Huarte de San Juan (1529-1579), precisamente, el patrono de la Psicología en España. Esta psicología de las diferencias individuales cuenta en 1885 con el primer centro para la medida mental, establecido por Francis Galton y que culminaría con el laboratorio del Alfred Binet en 1895.
El establecimiento formal de la primera clínica psicológica fue en Marzo de 1896 en la Universidad de Pensilvania, por parte de Lighner Witmer. Se habría de recordar en este sentido que Sigmund Freud utilizó por primera vez en este año de 1896 el nombre de "psicoanálisis" (si bien ya tenía abierta su consulta en Viena desde 1886). Así pues, cabría proponer 1896 como el año en que oficialmente se ha establecido la Psicología Clínica.
La Clínica de Witmer (que marcaría el trabajo clínico por algún tiempo) tenía las siguientes características. Los clientes eran niños (debido a los intereses particulares de su fundador), las recomendaciones de ayuda iban precedidas por una evaluación diagnóstica, disponía de un equipo de profesionales que trabajaban en colaboración, un interés bien señalado era la prevención mediante diagnósticos y remedios tempranos, y, en fin, la atención clínica ofrecida se atenía a la psicología científica. Se fueron estableciendo nuevas clínicas. La Universidad de Pensilvania (a instancias de Witmer) ofreció en 1904-1905 cursos formales de psicología clínica. En 1907 el propio Witmer fundaría la primera revista especializada, titulada The Psychological Clinical. Este crecimiento de psicólogos clínicos llevó en 1917 a una escisión de la American Psychological Association (APA), creando la American Association of Clinical Psychologists. Sin embargo, en 1919 esta nueva asociación se reincorporó a la APA, como Sección clínica. Así pues, la Psicología Clínica crea sus propias instituciones (revistas, asociaciones) dentro del marco de la Psicología académica y científica representada principalmente por la Universidad y la APA.
La Primera Guerra Mundial ha movilizado la construcción y aplicación de tests psicológicos y, también, el papel del psicólogo clínico. Por un lado, los psicólogos clínicos investigaron y teorizaron sobre los temas en cuestión, como la naturaleza de la personalidad, el origen de la inteligencia (por ejemplo, el papel de la herencia y el medio), las causas de los trastornos de conducta, los usos de la hipnosis, y la relación entre principios del aprendizaje y la desviación. Por otro lado, los psicólogos clínicos pasaron de considerarse a sí mismos más concernidos con los problemas educativos (que con los psiquiátricos), a adoptar las funciones de tratamiento añadidas a la evaluación, de entrenamiento reeducativo, y de investigación. En este sentido, se ha de decir de nuevo que la función terapéutica se centró inicialmente en la clínica infantil, conjuntando así las tareas de diagnóstico y tratamiento. En esta asimilación del tratamiento por el psicólogo clínico contribuyó también el prestigio alcanzado en el uso de los tests de personalidad tales como, por ejemplo, el Rorschach y el TAT (Tematic Apperception Test), que permitieron un lenguaje común entre el psicólogo (diagnosticador) y el psiquiatra (terapeuta).
Según aumentaba su número y se ampliaban sus funciones, los psicólogos clínicos (junto con otros psicólogos aplicados) se sintieron descontentos con el apoyo recibido por sus colegas de la APA, mayormente académicos y científicos, de modo que se constituyeron en 1937 en una organización separada, la American Association of Applied Psychology, para ocho años después reintegrarse de nuevo en la APA.
La cuestión es que al final de la década de 1930 el campo de lo que sería la moderna Psicología Clínica ya se había organizado con sus seis actividades principales, a saber, la evaluación, el tratamiento, la investigación, la enseñanza, el asesoramiento, y la administración. Para entonces los psicólogos clínicos se han extendido más allá de sus clínicas originarias a los hospitales, las prisiones, y otros lugares, y tanto con adultos como con niños.
En la Segunda Guerra Mundial se derivaron 40.000 personas a los hospitales neuropsiquiátricos de la Veteran Administration (VA) en EE.UU., lo que supuso de nuevo un impulso a la consolidación de la Psicología Clínica. Puesto que los psicólogos clínicos existentes fueron insuficientes, la VA se adelanta a la APA y los departamentos de las Universidades en la definición y capacitación requerida para el ejercicio de la psicología clínica. Concretamente, un documento de la VA de 1946 definió la psicología clínica como una profesión que implicaba el diagnóstico, el tratamiento, y la investigación relativos a los trastornos de los adultos. Para ello el psicólogo clínico habría de poseer el grado de Doctor (PhD). Esta instigación de la VA (junto también con el Servicio de Salud Pública de EE.UU.), para que la APA y las Universidades definieran los programas de formación en psicología clínica, dio lugar en 1947 a un comité encargado de diseñar las directrices a seguir. Este comité (David Shakow's Commitee on Training in Clinical Psychology) tenía encomendado recomendar el contenido de los programas, establecer los criterios de entrenamiento a tener en cuenta por las Universidades y los servicios de formación en régimen de residencia, y evaluar e informar sobre los programas en curso.
Las tres principales recomendaciones del informe Shakow para el entrenamiento clínico fueron las siguientes:
1. El psicólogo clínico sería formado antes que nada como psicólogo (y por tanto como científico) y contando con ello como profesional práctico.
2. El entrenamiento clínico sería tan riguroso como lo pueda ser la formación en áreas no clínicas de la psicología, lo que supone el establecimiento de unos criterios estándar de postgraduación.
3. El contenido de la preparación clínica se centraría en la evaluación, el tratamiento y la investigación.
Esta propuesta para la formación del psicólogo clínico, el así llamado 'modelo de Boulder' en razón del lugar de la Conferencia que en 1949 lo asumió, fue el patrón seguido en adelante. Este ha sido el modelo seguido, ciertamente, sin perjuicio de otros replanteamientos (con sus conferencias programáticas también) que conciernen sobre todo a la proporción del contenido científico y del papel investigador con que se figura al psicólogo clínico. En todo caso, este desarrollo e implantación de la Psicología Clínica como profesión tuvo su reconocimiento legal, así como también dispuso de su código ético.
Por su parte, la psicología española se inscribe en la misma tradición de la psicología europea y norteamericana. De todos modos, importa destacar ciertas figuras y momentos en su institucionalización.
Se habría de citar en primer lugar la figura de Francisco Giner de los Rios (1839-1915), fundador de la Institución Libre de Enseñanza, cuyo Boletín contaba con una Sección de Psicología-Antropología, y autor (junto con E. Soler y A. Calderón) en 1874 de unas Lecciones sumarias de Psicología (revisadas en 1877), donde se ofrece en castellano (para la enseñanza secundaria) una actualización de la psicología de la época. En esta línea de implantación académico científica se ha de situar la primera Cátedra de Psicología Experimental, dotada por la Universidad Complutense de Madrid en su Facultad de Ciencias, y desempeñada por Luis Simarro Lacabra (1852-1921).
Con todo, la mayor actividad de la psicología se da a principios del siglo XX como Psicología Aplicada en las Oficinas e Institutos de investigación de Psicotecnia. Estas Oficinas e Institutos derivarían en el Instituto de Orientación Profesional (creado en Barcelona en 1917) con su Sección de Psicometría, a cargo de Emilio Mira y López (desde 1919), quien llegará a ser Director del Instituto desde 1927. Emilio Mira y López (1896-1964) es considerado como uno de los fundadores de la psicología aplicada en España, en particular de la psicotecnia y la psicometría, campo en el que ha merecido el reconocimiento internacional. Se ha de añadir que Mira y López ha desempeñado la primera Cátedra de Psiquiatría en España, dotada en 1933 por la Universidad de Barcelona. En Madrid se crea también el Instituto Nacional de Psicotecnia, dirigido por José Germain hasta 1939 (y de nuevo desde 1956).
En este contexto de la psicología aplicada, destaca la figura de Gonzalo Rodríguez Lafora (1886-1971), psiquiatra y neuropatólogo interesado en la psicopatología infantil y en la higiene mental. Se citarían a este respecto su libro de 1917 titulado Los niños mentalmente anormales, la creación del Instituto Médico-Pedagógico de Carabanchel en 1925 y, sobre todo, la fundación (junto con Sacristán y Ortega) en 1920 de la Revista Archivos de Neurobiología, originalmente titulada 'Archivos de Neurobiología, Psicología, Fisiología, Histología, Neurología y Psiquiatría', en la que figuran como 'psicólogos' en la portada del primer número Ortega, Turró, Simarro, Viqueira y Mira, aparte los fisiólogos (entre ellos Cajal, Novoa y Marañón) y los psiquiatras y neuropatólogos (el propio Lafora, Sacristán y otros).
Después de la Guerra Civil, que ha interrumpido y dispersado el curso de la psicología institucional, la citada Cátedra de Psicología Experimental (trasladada a la Facultad de Filosofía y Letras) estuvo a cargo del Padre Barbado que si bien, por un lado imprimió un repliegue escolástico, por otro, proyectó un Instituto de Psicología dentro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Este proyecto no se llevaría a cabo hasta 1948, con la creación del Departamento de Psicología Experimental dentro del CSIC, ya para entonces bajo la dirección de José Germain (1897-1986). José Germain ya había fundado en 1946 la Revista de Psicología General y Aplicada, la decana de las Revistas españolas de psicología, al transformar la creada en 1939 dentro del Instituto Nacional de Psicotecnia, titulada 'Psicotecnia'.
Este Departamento del CSIC constituiría el origen de la psicología universitaria que vendría después, de manos de Mariano Yela, José Luis Pinillos, Miguel Siguán, entre otros, que, se excusa decir, han recuperado la psicología española para la tradición de la psicología científica mundial. En torno a este Departamento se fundaría en 1952 la Sociedad Española de Psicología, con una proyección tanto científica como profesional. Esta Sociedad estuvo ya desde los primeros momentos incorporada a la Unión Internacional de Psicología Científica.
La implantación universitaria empieza con la Escuela de Psicología y Psicotecnia creada en la Universidad Complutense de Madrid en 1953 para la preparación de "psicólogos investigadores" y "psicotécnicos expertos". Esta Escuela supone la aparición de los primeros diplomados en Psicología y por tanto la presencia de titulados universitarios, que ejercerían en los diversos ámbitos aplicados. En torno a 1960 se dotan Cátedras de Psicología en diversas Universidades, se crea la Especialidad de Psicología dentro de Filosofía y Letras (1969 en la Universidad Complutense de Madrid), transformada después en Sección de Psicología, y aparece en 1978 la primera Facultad de Psicología en España, en la Universidad Complutense de Madrid, que se irían generalizando a las demás Universidades.
En la segunda mitad de la década de 1970 se entraría en una gran expansión de la psicología que se cifra en las actividades de investigación científica y aplicada como resulta de las numerosas Revistas especializadas que han ido surgiendo (entre las que se destacaría Análisis y Modificación de Conducta, fundada por Vicente Pelechano en 1974), en la explosión demográfica de alumnos interesados en estudiar psicología (de 2.400 en el curso 1969-70, a 56.000 en 1995-96, y en la organización profesional dada por la creación del Colegio Oficial de Psicólogos en 1980. Referente a esta organización profesional, se trata de un Colegio Estatal con distintas Delegaciones Territoriales (en concreto catorce). No obstante, en 1986 se constituye el Col.legi Oficial de Psicólegs de Catalunya, de modo que en la actualidad coexisten en España dos organizaciones profesionales de psicólogos, la estatal y la catalana. De los 4.500 psicólogos colegiados en 1981, se ha pasado en 1995 a 28.000, lo que sitúa al COP (incluyendo el Col.legi catalán) como segunda organización profesional mundial en cuanto al número de afiliados (después de la APA.)
Pues bien, el 30% de los psicólogos colegiados que trabajan en algún campo de la psicología, se dedican en concreto a la Psicología Clínica y de la Salud como actividad principal. Se ha de añadir que la Psicología Clínica y de la Salud figura también entre las tareas del psicólogo cuya dedicación principal es sin embargo otra área de la psicología (como por ejemplo la Psicología Educativa), lo que lleva a decir que aproximadamente la mitad de los psicólogos colegiados que trabajan en el campo de la psicología se ocupan total o parcialmente en la Psicología Clínica y de la Salud.
Para completar este breve repaso histórico, es necesario mencionar la implantación en España desde 1993 del Sistema de Formación de Psicólogo Interno Residente (PIR). De alcance regional en sus comienzos, el sistema de formación PIR dio sus primeros pasos en los años 80 en aquellas Comunidades Autónomas que, como Andalucía o Asturias, tenían una voluntad más firme de cambiar sus modelos de atención en salud mental. La primera convocatoria del PIR con ámbito estatal, en 1993, y la creación de la Comisión Promotora de la Especialidad en 1995 por parte de los Ministerios de Sanidad y de Educación pueden entenderse, en ese contexto histórico, como un refrendo y una consolidación de un modelo de formación que contaba con sistemas ya preexistentes en distintas comunidades autónomas.
Aunque forma parte del mismo curso de la Psicología que se viene exponiendo, importa entresacar las vicisitudes de la Psicología de la Salud hasta su confluencia con la Psicología Clínica. Se trata propiamente de la psicología (clínica) interesada en el ámbito médico. De hecho, la Psicología de la Salud puede verse como la conjunción entre la Psicología Clínica y la Medicina. Igualmente que la Psicología Clínica y la Medicina, y por lo mismo, la Psicología de la Salud tiene antecedentes centenarios, por no decir milenarios si se retrae a Hipócrates. Ciñéndose a su establecimiento formal, habría que remitirse a la Medicina Psicosomática, un término acuñado en 1918 en el contexto de la extensión del psicoanálisis para entender trastornos funcionales supuestamente debidos a conflictos psicológicos, destacando a este respecto Georg Groddeck. En el año 1939 aparece la Revista Psychosomatic Medicine que, como decía en la primera editorial, su objeto era "estudiar la correlación existente entre los aspectos fisiológicos de todas las funciones corporales, tanto normales como anormales, y de esta manera integrar la terapia somática y la psicoterapia". A pesar de este propósito, la medicina psicosomática terminó por distinguir entre distintas enfermedades, donde unas serían propiamente psicosomáticas (aparte lo discutible que es una tal tipificación), y, lo que es peor, terminó por proponer explicaciones psicológicas a menudo más especulativas que empíricas. Con todo, la medicina psicosomática también se atuvo a la metodología científica y ha constituido así un campo de investigación y clínico que intersecta la psicología experimental con la aplicación biomédica. Si bien su nombre e instituciones subsisten, bien puede acogerse sin embargo al ámbito más amplio de "Psicología de la Salud".
Se ha de situar también en este perspectiva histórica el trabajo de Iván P. Pavlov relativo al condicionamiento de respuestas viscerales, con lo que ello supuso precisamente en el entendimiento de la "enfermedad psicosomática". En esta línea se ha llegado a hablar incluso de toda una 'medicina córtico-visceral' y, en particular, las 'neurosis experimentales' fueron ciertamente modelo de investigación de las influencias de condiciones psicológicas sobre el funcionamiento corporal. No se dejaría de alinear aquí la figura de Gregorio Marañón (1887-1960) con sus estudios sobre endocrinología y comportamiento y en particular su teoría experimental de las emociones. Así mismo se citaría igualmente a Novoa Santos (1885-1933), por la incorporación de nociones pavlovianas psicodinámicas a la medicina.
Por su lado, el condicionamiento operante supuso la posibilidad de una autorregulación de respuestas (hasta entonces) involuntarias mediante técnicas de biofeedback. El uso del biofeedback revolucionó el campo de las contribuciones de la psicología al ámbito médico, llegando a imponerse desde 1973 el nombre de "Medicina Conductual" (si bien ya existía desde 1970 el nombre de 'behavioral pediatrics'). La medicina conductual vino a ser, más allá del procedimiento de biofeedback, la aplicación de las técnicas de Modificación de Conducta al campo biomédico. Hoy día, como sucediera con la Medicina Psicosomática, la Medicina Conductual aun contando con sus instituciones propias incluyendo sus revistas, quedaría incluida en la Psicología de la Salud.
Por su parte, la Psicología Médica también se sitúa en esta perspectiva de la Psicología de la Salud. En general, la psicología médica se refiere a los aspectos curativos que se dan en la interacción entre el médico y el paciente. Más concretamente, es la enseñanza de la psicología que se imparte en la carrera de Medicina, incluyendo entonces toda una variedad de conocimientos psicológicos de interés para la formación médica.
La cuestión es que todas estas líneas históricas (Medicina Psicosomática, Medicina Conductual, Psicología Médica) confluyen en el campo denominado genéricamente Psicología de la Salud, que se ha constituido en 1978 en un Área con su propia división (la División 38) dentro de la APA, contando desde 1982 con su propia Revista, Health Psychology. Es de señalar que la primera Revista de Psicología de la Salud europea se ha fundado en España en 1989, en torno al profesor Jesús Rodríguez Marín, donde se sigue editando, por lo demás, con gran proyección internacional. En este mismo año aparece también Clínica y Salud, promovida por la Delegación de Madrid del COP. En fin, la Psicología de la Salud es una disciplina que como tal figura en la mayoría de los Planes de Estudio de las Facultades de Psicología de España. La Psicología Clínica y la Psicología de la Salud se avienen en su complementariedad a la formación del 'Psicólogo Clínico y de la Salud' en el sentido que se verá en este Documento.
ARCHIVOS DE LA CATEGORÍA ‘PSICOLOGÍA FORENSE’
“Es el Hannibal Lecter argentino: terriblemente inteligente, pero con un sadismo implacable”. Así describió aRaúl Menocchio un funcionario judicial correntino, quien debió tratarlo en los últimos años cuando cayó preso por el crimen del productor televisivo Claudio Nozzi. En un reportaje realizado por Alfredo Zacarías, corresponsal de Clarín en Corrientes, este magistrado indicó que por las características obtenidas y por ciertos rasgos de la personalidad de este hombre flaco, alto, de muy buen hablar pero algo tartamudo cuando se pone nervioso, permiten sostener la comparación con el asesino serial de la película “El silencio de los inocentes”.
Raúl Menocchio (alias “El Gusano”, alias “El hombre de las mil caras”) ahora es el principal sospechoso de los salvajes asesinatos de Manuel Roseo y su cuñada Nélida Bartolomé, en la localidad chaqueña de Castelli. El viernes pasado en horas de la tarde fue llevado desde la Dirección de Delitos Complejos de la Policía de Corrientes hasta una dependencia policial de Resistencia, Chaco, en medio de un impresionante operativo de seguridad que incluyó la participación de fuerzas especiales de ambas provincias. “Sabemos de quién se trata, por eso tomamos tantas precauciones” aseguraron.
El “Gusano” fue detenido el último martes en un lujoso hotel boutique de Corrientes, donde se alojaba en la habitación más cara junto a su esposa, una mujer de buen pasar económico oriunda de Buenos Aires. Lo atraparon justo cuando llegaba al lugar a bordo de una camioneta Ford Ranger. Lo estaban esperando su esposa y el abogado que lo defiende en la causa Nozzi, Ernesto González, pero que no lo asistirá en el caso Roseo.
Menocchio dice que sólo es un empresario y que en esa condición conoció a Manuel Roseo: quería comprarle su estancia. Afirma que le pagó 40 millones de dólares por esa operación. El día que cerraron trato se sacaron una foto abrazados. Una semana más tarde, Roseo y su cuñada fueron torturados y asesinados.
No es fácil seguirle los pasos a Menocchio. Este hombre elegante y de gustos caros, supo ser la puerta de acceso a la alta sociedad misionera cuando, allá por los años ‘70, su padre era uno de los hombres más ricos de la Argentina. “El Niño Raúl” lo llamaban por aquella época, en la que abandonó Posadas para ir a estudiar a Resistencia, donde nunca estudió, pero si encontró novia.
Aun en contra de la voluntad de ambas familias, Menocchio se casó con una joven de familia adinerada con la que tuvo dos hijos. Su esposa, a desgano, lo acompañó en su regreso a Misiones y en su posterior traslado a Asunción del Paraguay, luego de la quiebra escandalosa de las empresas familiares. En la capital paraguaya, la joven dijo basta, cansada de los problemas y escándalos en los que se involucraba su marido.
Menocchio, ya separado, se instaló entonces en la exclusiva San Bernardino, a orillas del Lago Ipacaraí, donde –como dueño de una red de videocables en todo el Paraguay– compró yates, coches costosos y camionetas 4×4. Viajaba en un avión privado acompañado de varios guardaespaldas. Pero algo salió mal y volvió a quebrar.
En agosto de 2004, el comerciante formoseño Eduardo Maciel (56), dueño del pub Puerto Madero, y su novia Graciela Méndez (22) fueron hallados muertos en un arroyo ubicado en las afueras de Asunción. Menocchio fue acusado de los crímenes. ¿El supuesto móvil? Una maniobra de lavado de dinero.
En Asunción recuerdan hasta hoy las “fiestas” que el argentino organizaba con gran cantidad de bebidas alcohólicas, drogas y mujeres. A esos encuentros concurrían no sólo miembros de la alta sociedad paraguaya sino muchos integrantes de la farándula argentina, que eran invitados especialmente. La acusación por el doble crimen lo alejó de la región.
Algunos aseguran que “desapareció” para cambiar su rostro con cirugías plásticas y eludir así la acción de la Justicia. Durante ese impasse, fue visto en un pueblo de la frontera colombiano panameña participando de una reunión con un empresario argentino y, después, encarcelado en México por lavado de dinero del narcotráfico También fue presentado en un bar del DF de México a argentinos residentes en ese país. No ocultaba su nombre ni las peligrosas relaciones que mantenía.
Reapareció por estas tierras en 2005 y de la peor manera. Lo detuvieron por el crimen del productor televisivo Claudio Nozzi, quien fue asesinado en su yate de lujo y arrojado a las aguas del Paraná. Menocchio (bajo el nombre de Hugo Jara) iba a hacer un negocio millonario con la víctima.
Estuvo cuatro años preso y en 2009 salió en libertad, aunque sigue vinculado a la causa .
Tras ser liberado, retomó muchos de sus contactos en la región, al punto que un poderoso empresario misionero fue quien puso la caución para que quede libre. En esa provincia también se lo acusa de haber dado muerte a Juan Rotharmel, un empresario maderero de Eldorado.
“Violento, perverso, una mente brillante dedicada al mal”, así lo calificó ante Clarín un empresario y abogado misionero que lo trató.
Psicología Gestalt
La Gestalt (palabra alemana que quiere decir conjunto, configuración, totalidad o "forma") es una escuela de psicología que interpreta los fenómenos como unidades organizadas, estructuradas, más que como agregados de distintos datos sensoriales. La Gestalt, que ha hecho un substancial aporte al estudio del aprendizaje, la memoria, el pensamiento y la personalidad y motivación humanas, surgió en Alemania pero se trasladó a Estados Unidos en los años treintas, cuando allá se refugiaron los psicólogos alemanes Max Wertheimer, Wolfgang Köhler, y Kurt Koffka, que encontraron eco receptivo en su visión de quitarle énfasis al análisis, como detrimento de los valores humanos. La influencia de filósofos como Kant, Match y Hüsserl sobre el pensamiento de los psicólogos de la Gestalt fue considerable.
Terapia Gestalt
Yo soy yo, Tú eres Tú
Tú haces lo Tuyo, Yo hago lo Mío
Yo no vine a este mundo para vivir
De acuerdo a tus expectativas
Tú no viniste a este mundo para vivir
De acuerdo con mis expectativas
Yo hago mi vida, Tú haces la tuya
Si coincidimos, será maravilloso
Si no, no hay nada que hacer.
Tú haces lo Tuyo, Yo hago lo Mío
Yo no vine a este mundo para vivir
De acuerdo a tus expectativas
Tú no viniste a este mundo para vivir
De acuerdo con mis expectativas
Yo hago mi vida, Tú haces la tuya
Si coincidimos, será maravilloso
Si no, no hay nada que hacer.
Fritz S. Perls (1893-1970)
La terapia Gestalt, fue desarrollada después de la Segunda Guerra Mundial por Fritz Perls y su esposa Laura. Fritz consideró que la raíz de los trastornos psicológicos podía estar en la incapacidad de las personas de integrar exitosa y acertadamente las partes de su personalidad en un todo saludable.
Perls era psicoanalista, pero ciertas discrepancias con los métodos y teorías freudianos lo llevaron a crear su propia línea terapéutica. Las fuentes de su método pueden encontrarse en Karen Horney y Wilhelm Reich, el existencialismo (Martin Buber y Paul Tillich) y la fenomenología (Edmund Hüsserl), de donde tomó las ideas de "libertad" y "responsabilidad", la de la inmediatez de la experiencia y la del papel del individuo en la búsqueda del significado de su vida.
Aplicó los principios de la psicología gestáltica al postular que las personas emocionalmente saludables organizan su campo de experiencia en necesidades bien definidas que les sirven de referencia a la hora de organizar su conducta. Las personalidades neuróticas interfieren con la conformación de la gestalt apropiada y no llega a adecuarlas con sus necesidades.
Perls, consideró que la raíz de los trastornos psicológicos podía estar en la incapacidad de las personas de integrar exitosa y acertadamente las partes de su personalidad en un todo saludable. En la terapia el terapeuta anima al cliente a vivenciar sus emociones y reconocerlas por lo que son en realidad a través de la percepción ingenua y la experiencia inmediata.
Fritz tuvo una experiencia de kibutz en Israel que lo llevó a renovarse a sí mismo y así llegó a Esalen a California, donde creó la escuela y el estilo actual de la terapia Gestalt que pretende resolver los conflictos y ambigüedades que provienen de la dificultad para integrar las configuraciones de la personalidad. Su papel es lograr que el sujeto de terapia se haga consciente de sus sensaciones significativas hacia sí mismo y hacia su entorno, de suerte que pueda responder plena y razonablemente a cualquier situación. La clave es enfocarse en el "aquí y ahora", no en las experiencias del pasado, y una vez situados en el "aquí y ahora" puede enfrentar conflictos pasados o asuntos inconclusos –las llamadas gestaltes inconclusas, o cosas sin llevar realmente a término, desde funciones muy elementales a cierre de ciclos-. Tiene una particularidad esta terapia, y es que funciona mejor, pero mucho mejor en grupos.
Las bases de la Gestalt son el aquí y el ahora, lo obvio y la toma de consciencia ("darse cuenta") de lo que hacemos realmente en nuestras vidas, cómo lo hacemos y qué es lo que queremos o necesitamos en realidad (y cómo podemos conseguirlo).
La propuesta de que todo lo que percibimos es el resultado de procesos organizadores, de carácter no innato, y por tanto la realidad que nos rodea no es absolutamente determinante, nos hace dueños de la libertad de percibir infinidad de realidades alternativas alterando controladamente los principios organizadores de nuestra consciencia.
Al igual que en otras terapias humanistas, la Terapia Gestalt es un enfoque holístico de la experiencia humana, asume la tendencia innata a la salud, la integridad y la plena realización de las potencialidades latentes, promueve la propia responsabilidad de los procesos en curso y conciencia sobre las propias necesidades y su satisfacción.
Esta terapia moviliza el pasado vivido por cada uno y establece un contacto con el presente y un intercambio favorable con el entorno. Cambia el "por qué" por el "cómo" otorgando perspectiva y orientación.
Utiliza técnicas vivenciales, el experimento y el laboratorio. Antepone la espontaneidad al control; la vivencia, a la evitación de lo molesto y doloroso; el sentir, a la racionalización; lacomprensión global de los procesos, a la dicotomía de los aparentes opuestos.
La Terapia Gestalt también puede considerar una filosofía de vida en la cual, la persona asume los valores de auto-respeto, auto- responsabilidad sobre todo lo que siente, piensa y hace; honestidad y desarrollo con los pies bien firmes en la tierra, relacionándose con los demás y con su entorno de forma abierta y madura.

¿HAY ALGO NUEVO EN TERAPIA PSICOLOGICA?: TRES PROPUESTAS Y UNA RESPUESTA POSIBLE
Se comentan tres acercamientos terapéuticos: la Terapia de Aceptación y Compromiso, Mindfulnessy el Modelo de Valencia de Hipnosis Despierta. En primer lugar se expone el posible denominador común de estos acercamientos, y si la fenomenología puede estar a la base de estos acercamientos ("volver a las cosas mismas", "dejar que las cosas ocurran"). En segundo lugar, se tratan los aspectos innovadores o novedosos de estos acercamientos, para finalizar con la valoración de los mismos.
Palabras Clave: tratamiento psicológico, intervención psicológica, cognitivo-comportamental, psicoterapia Terapia Aceptación y Compromiso, hipnosis despierta, sugestión, mindfulness.
No es nada fácil la tarea que nos solicita el coordinador de este monográfico: la visión del público sobre lo nuevo en terapia psicológica. El Dr. Antonio Capafons, nos pide que, con el rol fijo de público, comentemos las aportaciones de tres espléndidos pensadores-investigadores-colegas que nos exponen el estado actual del Modelo de Valencia de Hipnosis Despierta, la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y la rabiosamente actual Mindfulness. Realmente el Dr. Capafons no nos lo pone fácil. Supongo que Violante le puso en un buen aprieto a Lope de Vega cuando le pidió aquel famoso soneto (un soneto me manda hacer Violante) que posteriormente resolvió de forma tan espléndida (contad si son catorce, y está hecho). Pues algo similar nos ocurre con esta petición: "que en mi vida me he visto en tanto aprieto".
Vaya por delante que no vamos a juzgar a compañeros y sus aportaciones. Simplemente no vamos a juzgar. A lo mejor quitando la z, si puede que juguemos un poco con las ideas y las reflexiones. Y vamos por la primera
¿Hay algo en común en estos tres trabajos?
Obviamente sí, son espléndidos. Pero más allá de los piropos a priori parece que hablamos de cosas distintas y distantes: ¿Aceptación?, ¿hipnosis despierta?, ¿atención y conciencia plena (Mindfulness)?.
El movimiento terapéutico en ACT ya ha sido expuesto por las Dras. Luciano y Valdivia(2006). Por tanto solo un apunte. ACT, nacida desde especialistas en la vieja terapia de conducta, quiere representar una parte de la tercera generación en la terapia psicológica científica. Lo más genuino de este acercamiento terapéutico es el interés por alterar la función de los pensamientos, sensaciones o recuerdos molestos y no cambiarlos o reducirlos. Este cambio de carácter contextual pretende alterar la función de los eventos privados no los contenidos. Y esto quizás sea lo que les queda de skinneriano a este tipo de terapias. En el resto de estrategias, vías de acción y métodos concretos no es fácil ver a Skinner, a Bijou, a Ayllon o a Solomon. Es más fácil ver a Victor Frankl, a Ellis, Watzlawick o al mismo Erickson.
En cuanto al Mindfulness recuerda a los clásicos europeos, y más concretamente al periodo místico español con los tintes de la, siempre admirada en occidente, cultura oriental. Desde aquellos viajes a oriente de los Beatles, pasando por el "Pequeño Saltamontes", hasta la "adoración" a los postulados Zen, en Europa y EE.UU., lo oriental nos ha fascinado. Al menos a un sector intelectual de esa Europa y América erudita y reflexiva. Esa fascinación condujo a multitud de cursos, seminarios, monografías, artículos de dudoso valor científico, bueno de dudoso valor. La terapiamindfulness, sin embargo, tal como nos la planea el Dr. Vallejo (2006) no es la heredera de esta mercancía de baja calidad. Más bien representa el intento serio por operacionalizar lo que otros muchos ya intentaron en otros periodos y circunstancias históricas.
El trabajo de los profesores Alarcón y A. Capafons (2006) nos adentra en uno de los "Guadinas" más clásicos en psicología: la hipnosis. Muerta, enterrada, resucitada, vuelta a destruir, desempolvada de nuevo, aniquilada después y siempre tarde o temprano en el candelero social y científico al poco de morir. La hipnosis representa, a veces como el viejo psicoanálisis, un tema recurrente en cuanto a polémico e indestructible. En esta ocasión el Dr. Capafons y la Dra. Alarcón nos adentran en una parcela poco recordada de la hipnosis: la hipnosis despierta. Y desde un acercamiento fiel a los presupuestos cognitivo-conductuales.
Qué tienen por tanto en común estas aportaciones ¿el ser herederas, de alguna manera, del "conductismo"? ¿la formación de los autores y sus raíces…? pudiera ser. Pero para nosotros no radica ahí la principal comunalidad. Desde nuestro punto de vista la famosa frase de Husserl de "volver a las cosas mismas" refleja el denominador común de estos acercamientos y técnicas terapéuticas ("dejar que las cosas ocurran", el no interferir como forma de "controlar"). Por lo tanto, el punto de unión de estos nuevos campos de acción en la terapia psicológica, significa, en nuestra opinión, una vuelta a la fenomenología.
¿ Triunfa la fenomenologia sobre el positivismo?
La terapia de conducta se impuso a muchos otros acercamientos, y durante muchos años. Su "hija" la terapia cognitivo-conductual (término que conductista y cognitivos detestan, y no sin razón) reinó durante buena parte de la década de los 70, durante los 80 y, aunque algo de sombra le hizo el constructivismo, también durante principios de los 90. Pero en esa década se produce un giro copernicano en la terapia psicológica: los modelos no se usan, las corrientes están bastante secas, la integración se ha convertido en un conjunto de integrantes que no se integran ni siquiera entre sí (integración ecléctica, integración teórica, etc.), y aparece la Task Force y los manuales sobre los tratamientos eficientes o útiles. El mundo de las ideologías da paso al mundo del total pragmatismo. Lo que funciona (dónde y con quién) se convierte en la llave que mueve a editores, investigadores y a la propia sociedad que debe consumir el producto "salud integral".
Cuando el positivismo parece que ha dado todo lo que podía dar, cuando las terapias de "hacer y luchar", de promoción del cambio, parece que dan mucho de sí pero no más de lo que ya han dado, entonces se abre la moda de la existencia, ciertamente con un enorme esfuerzo por separarse de la filosofía, y, por otro lado y también, de la estafa y del camelo. La existencia como "esencia" del cambio y de la aceptación. Es como si el llamado paradigma cuantitativo, a partir de sus concepciones de "explicación", "predicción" y "control", comenzara a perder su hegemonía y fuera reemplazado por los términos de "comprensión", "significado" y "acción". O, mejor aún, como si se intentara "casar" el explicar científico-positivo con el comprender Diltheyano. La vuelta a la fenomenología, "volver a las cosas mismas", girar hacia el estudio de la esencia de las cosas. Volver al estudio de los componentes básicos de los significados, retomar la idea Husserliana de la conciencia permanentemente dirigida hacia las realidades concretas (la atención como intencionalidad), retomar la "percepción inmanente". Reafirmar la conciencia que tiene el yo de sus propias experiencias.
Por otro lado, también podemos encontrar ciertos guiños al existencialismo, especialmente en ACT, como son entre otros:
- Énfasis en la soledad del individuo, el hombre amenazado en su individualidad y en su realidad concreta.
- Cada individuo debe elegir una meta y seguirla con apasionada convicción, consciente de la certidumbre de la muerte .
- Énfasis en la elección, libertad y responsabilidad humana. La elección es fundamental en la existencia humana y es ineludible; incluso la negativa a elegir implica ya una elección. La libertad de elección conlleva compromiso y responsabilidad. El existencialismo mantuvo que los individuos -como son libres de escoger su propio camino- tienen que aceptar el riesgo y la responsabilidad de seguir con su compromiso dondequiera que les lleve.
- El individuo debe vivir una existencia comprometida por completo, y este compromiso sólo puede ser entendido por el individuo que lo asume.
- Se contempla la vida humana en términos de paradojas, el ser humano -que combina mente y cuerpo- es en sí mismo paradójico y contradictorio.
Y también ciertos guiños al intuicionismo, especialmente en Mindfulness, en lo referente a la visión que tiene del hombre como ser que a través de sus intuiciones puede comprender lo que la realidad verdaderamente es. O que el conocimiento intuitivo ofrece al ser humano la posibilidad de comprender el universo que le rodea.
Ninguno de los tres acercamientos, sin embargo, da por bueno que el único criterio de la verdad se encuentre en las vivencias personales de los individuos. No se aprueba en ninguna de estas tres opciones terapéuticas, al menos no se aprueba explícitamente, que la comprobación de su utilidad, de su validez deba ser investigada al margen del método hipotético-deductivo.
En suma, podríamos decir que con la ACT y el mindfulness, y no tanto así con el Modelo de Valencia de Hipnosis Despierta, nos encontramos ante el triunfo de la fenomenología en la esencia de la terapia, pero manteniendo el positivismo en la búsqueda de la verdad. Aunque, quizás no tendrían reparo en asumir que la prueba de la verdad de una proposición es su utilidad práctica, el propósito del pensamiento es guiar la acción, y el efecto de una idea es más importante que su origen.
La pregunta del millón: ¿qué hay de nuevo (¡viejo!)?
Pues probablemente, lo que hay de nuevo es una actitud, más que un conjunto de "técnicas". Nuevas en el sentido de inéditas, o no existentes anteriormente, no son. Mismos perros con distintos collares, tampoco. Una nueva actitud y sentido de la tecnología, eso, según nuestra opinión, sí.
En 1969 se estrena la película Queimada (en inglés Burn!) dirigida por Gillo Pontecorvo, viejo militante del Partido Comunista Italiano. En este film, no demasiado conocido para la mayoría, se cuenta el intento por parte del gobierno británico de destruir el monopolio portugués del comercio del azúcar. Queimada es una isla imaginaria de las Antillas que fue incendiada hacia finales del siglo XVIII por las tropas coloniales para aplastar una sublevación de esclavos. En un momento del film el líder de la revuelta de los esclavos negros le dice al espía inglés William Walker (interpretado por Marlon Brando) "el hombre blanco sabe cómo ir, pero no sabe hacia dónde; nosotros los negros sabemos a dónde queremos ir pero no sabemos cómo". Quizás esté aquí el quid de la cuestión: la terapia "blanca" (las terapias positivistas) está aprendiendo de la "negra" (las terapias existencialistas, fenomenológicas, experienciales, de counseling) que hay que saber hacia dónde ir. Más aún, estamos en un periodo donde todavía dista mucho de conocerse con precisión los ingredientes básicos del cambio. Qué es lo que realmente hace que un individuo cambie. Todavía estamos en un periodo "ensayo-error", de búsqueda de la eficacia y de la eficiencia. Los viquingos navegaron de forma espléndida y, que se sepa, nada sabían del principio de Arquímedes. Navegaban con barcos construidos de materiales que "empíricamente" le resultaban útiles. Y no lo hicieron nada mal, aunque probablemente jamás se les hubiera ocurrido hacer un barco vikingo de acero. Desde que conocemos que no es el material sino el volumen lo importante en un objeto para que flote y pueda navegar, desde ese momento se abre un mundo nuevo en la construcción de barcos (¡y menudo negocio que se ha generado gracias a Arquímedes!). En los tratamientos psicológicos nos faltan teoremas. Aunque vivimos de algunos, sobre todo construimos en base a empirismos y teorías parciales. De ahí que en terapia psicológica quizás lo nuevo, realmente lo nuevo de verdad, venga de la mano de los genuinos ingredientes que potencian el cambio. Evidentemente, esta empresa nos incumbe a terapeutas y a muchos psicólogos en general. Cuanto más sepamos del ser humano más sabremos de los responsables auténticos del cambio.
ACT representa un genuino intento por acercar teoría, investigación y terapia aplicada en el mundo real. Pero sus ingredientes no son nuevos. El uso de la metáfora, del "convencer" por la palabra, los ejercicios programados que desarticulan los "tics" desadaptativos del cliente, no son nuevos. Su interés en adentrase en el campo de la aceptación, de aprender a "no controlar" a "dejar que las cosas ocurran" tampoco es nuevo. La forma de estructurar las sesiones, el interés por sistematizar el trabajo de "insight", la combinación entre actividades de acción y actividades de aceptación es lo que le convierte en una opción terapéutica muy interesante, especialmente en los trastornos de personalidad límite (o según ACT el Trastorno de Evitación Experiencial).
En cuanto a Mindfulness, su entrada reciente en el mercado de la terapia psicológica la sitúa en un todavía "el valor se le supone". La meditación, la concentración en el momento, "el dejar que las cosas ocurran" no es nuevo. Al venir de la mano de quienes viene es lo que le hace ser atractivo al terapeuta profesional. Tiene una buena tarjeta de visita. Y de hecho está siendo investigada ya en diversas partes del territorio nacional y pronto podremos disponer de resultados que nos orienten sobre su utilidad real. Lo más novedoso: recuperar viejas tradiciones y estrategias y pasarlas por el tamiz de la modernidad y la investigación.
Por último, sobre la hipnosis despierta, los propios autores ya nos dan en su trabajo la respuesta a la pregunta de este epígrafe, y citamos literalmente: "en general, es muy difícil crear algo absolutamente nuevo. Ciertamente, ‘descubrir o redescubrir’ es distinto a ‘inventar’. Quizás sea esa una de las aportaciones novedosas del Modelo de Valencia de Hipnosis Despierta: redescubrir la hipnosis despierta setenta años después de su nacimiento, pero dándole una óptica distinta, partiendo de los supuestos socio-cognitivo-comportamentales de la hipnosis".
Efectivamente, este acercamiento es novedoso en el planteamiento general y en el uso particular de formas de presentación de la técnica al cliente. Y en este último punto radica su principal valor: la creatividad y originalidad en los recursos didácticos y expositivos al paciente de la técnica, que incrementan notablemente la eficiencia de la hipnosis. La manualización del acercamiento al paciente en el campo de la hipnosis (despierta) es lo que parece más digno de destacarse. La investigación nos dirá si este coadyuvante es valioso o no en distintos trastornos con pacientes diferentes (Alarcón y Capafons, 2006, pg. 77).
¿Queda el público satisfecho?
Cuando casi todo parece que está ya dicho en psicoterapia, encontrar intentos por remodelar, refundir, replantear una parte o varias del quehacer de un terapeuta es algo que el público siempre agradece. Pero, además, el público agradece también:
a) Tener una guía bien estructurada para poder llevar a cabo la Terapia de Aceptación y Compromiso. Guía plagada de metáforas, ejercicios bien planteados y de una notable creatividad. Agradece tener anclajes teóricos y un corpus de investigación sistemático y abundante.
b) Disponer de un acercamiento protocolizado para centrarse en el momento presente, abrirse a la experiencia y a los hechos, lograr la aceptación radical, conseguir elegir las experiencias sobre las que implicarse y fomentar la "ausencia" de control, que nos propone Mindfulness.
c) Poder discernir la charlatanería y el espectáculo del acercamiento estructurado y científico sobre la hipnosis. Disponer de guías concisas, con importantes toques de ingenio y creatividad, que permitan al cliente disponer de una herramienta útil para fomentar el agrado de una terapia particular, y que se potencie su eficiencia. El acercamiento riguroso al ámbito de la sugestión siempre le agrada al público entendido.
En suma, "no habría nada nuevo bajo el sol" si mirásemos la arquitectura como materiales sobrepuestos, la pintura como el uso de colores y poco más, o la música como concatenación de sonidos. Así difícilmente encontraríamos nada nuevo. Sin embargo, siguen apareciendo edificios que antes no podíamos imaginar, hay pinturas que nos impactan y música que revoluciona nuestros oídos. Partiendo de este símil, podemos decir que hay "nuevas" técnicas que deberán seguir siendo investigadas, depuradas y diseminadas. Y por eso, "los del público" les damos las gracias los Drs. Alarcón, Capafons, Luciano, Valdivia y Vallejo porque nos lo hacen saber.

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